Dicen los que estaban allí, que estaba el hombre trabajando en el campo de fatigas
a cielo abierto y de sol a sol, bajo un cielo de injusticia, pues mientras Curro,
curraba sujetando la esteva que tiraba las bestias, su hijo José, leía un libro
bajo la fresca sombra de una encina. Su padre al pasar con las bestias sobre
sus acondicionadas inmediaciones, interrumpía la lectura de José con un preocupado:
“Hijo te vas hacer daño en la vista con tanto esforzarla con la lectura” Su
hijo le contestaba: “no se preocupe padre, tengo unos ojos fuertes como la madera
de su arado”

Un día nublado de final de verano, cuando se recoge la vid y empieza el otoño,
el hijo se acercó al padre y le obsequió con un racimo de uva isotónico para
refrigeran al fatigado padre, el cual le comento: “gracias hijo, por acordarte
de mí, por lo que el hijo aprovechó la ocasión de colaboración mutua, para decirle:
“Padre, quiero seguir estudiando y ampliar mis conocimientos” El padre atragantado
por las pepitas de la uvas y por querer responder sin pensárselo dos veces,
contestó: “hijo de p(piiiiii) tú lo que quieres es no trabajar”.
Pero el padre ante el impacto cultural y la mala prensa que tiene eso por los
escritores, el consejo tierno de su esposa mientras le servía una suculenta
cena, sus bestias eran jóvenes, fuertes y fieles, decidió permitir que su hijo
continuara estudiando bajo la sombra del techo de los institutos.
Pasaron los años y José, el hijo de “el señor de las bestias” trabajaba en el
pueblo como banquero, haciendo bancos para los parques y jardines, en una carpintería
que tenía en la planta baja de su casa. Cuando subía cansado a la casa y pasaba
al baño para lavarse las manos, veía a su hijo Alberto viendo la televisión,
el padre interrumpía la atención del niño con un preocupado: “hijo te vas a
hacer daño en la vista con tanto esforzarla para mirar el televisor, podrias
leer un poco, ya los jóvenes no leen” Su hijo le contestaba: “no te preocupe
papá, tengo unos ojos fuertes como la madera de sus bancos”
Un día, de poca emisión televisiva, Alberto vio el cielo abierto a las cinco
de la tarde y acercó un café a su padre que trabajaba fatigadamente ante la
sierra sin fin, el padre ante el detalle de su hijo, le agradeció con un: “gracias
hijo, por acordarte de mí, por lo que el hijo aprovechó la ocasión de colaboración
mutua, para decirle: “Papá, yo quiero ser actor” El padre atragantado por el
serrín que desprendía la madera que trataba de serrar, y por querer responder
sin pensárselo dos veces, contestó: “hijo de p(piiiiii) tú lo que quieres es
no trabajar”.
Pero el padre ante el impacto represivo y la mala prensa que tiene eso por los
psicólogos, el consejo tierno de su esposa mientras le servía una suculenta
cena, sus máquinas son nuevas y fieles, decidió permitir que su hijo continuara
estudiando bajo la luz de las candilejas.
....y pasó el tiempo, como suele pasar
El hijo del banquero, montó un espectáculo en un barrio de una gran ciudad,
una sala X, la cual tenía buena aceptación por entonces, pero en horarios muy
guarro. Entre esos horarios, Alberto veía el cielo abierto e iba a su casa a
reponer fuerzas y se encontraba a su hijo Jonathan que vivía con su madre, pero
que de vez en vez iba a casa del padre, el cual tenía banda ancha y muchos aparatejos,
entonces El padre solía ver al hijo jugar con la video Consola, un día y otro
más, por lo que su padre le decía: “hijo te vas a hacer daño en la vista con
tanto esforzarla para mirar los juegos, podrías ver un poco de tele, hay películas
muy buenas” Su hijo le contestaba: “no te preocupe papi, tengo unos ojos fuertes
como las lámparas de tus proyectores”
Un día el hijo se acercó a la sala con una bebida isotónica para que el padre
refrescara después de tanta clientela, por lo que el papi agradecido dijo: :
“gracias hijo, por acordarte de mí, por lo que el hijo aprovechó la ocasión
de colaboración mutua, para decirle: “Papá, yo quiero ser Gothic” El padre atragantado
por el alcanfor que desprende la cinta que trataba de rebobinar, y por querer
responder sin pensárselo dos veces, contestó: “hijo de p(piiiiii) tú lo que
quieres es no trabajar”.
Pero el padre ante el impacto asertivo y la mala prensa que tiene eso por los
pedagogos, el consejo amenazante de su exmujer por el teléfono, sus máquinas
son nuevas y fieles, decidió permitir que su hijo continuara estudiando bajo
la luz del láser.
Hoy Jona, tiene aspecto virtual, lleva la cabeza rapada y una cola en la parte
posterior del cocote, una perilla en su barbilla, unos aretes en la ceja derecha,
un tatuaje en el cuello, gafas negras con contorno blanco, pantalones caídos
y arrugados por la parte que llega al zapatón y está muy ancho de estar todo
el día sentado. Dice que no quiere tener hijos, que no se fía.....que no quiere
complicaciones y que está todo muy contaminado.
....pues aquí se para el tiempo, si esto sigue así, hará falta una revolución,
pero dudo que estos hijos de ahora la hagan, supongo, que se la harán a ellos.
(extraído de amplias conversaciones con mi padre a través de múltiples sesiones
de catarsis repetitivas) se acuerda de cómo se llama su primer maestro de esgrima,
pero no se acuerda que esta historia me la ha contado mil veces, tendrá que
ver con la pitopausia , supongo, ya os diré cuando me llegue.
Cualquier parecido con la realidad, es pura intención.
Saumell, 2/08/03
Foto enviada por Saumell. Gracias.