
Mi viaje de novios...
Fecha Miércoles, 23 julio a las 09:01:19 Tema Viajes
Octubre 1.991
Año 1.991, mes de septiembre; es cuando decidimos casarnos mi novia y yo. Nos organizamos un viaje de novios a Cancún, Méjico.
A mi que, como siempre, no me gusta viajar, pues fui sumiso debido al evento y dejé todo en manos de mi novia para la organización del viaje con la agencia. Solo puse una condición; que nada de excursiones organizadas una vez allí. Y así fue.
Cuando partimos para Cancún, una vez llegados al hotel e instalarnos, lo primero que hice fue alquilar un todo-terreno, por cierto me dieron un Jeep completamente nuevo, no tenía matrícula y el único distintivo que tenía era un papel plastificado pegado al parabrisas que simplemente ponía el nombre del hotel donde estabamos hospedados y un número para diferenciarlo del resto de Jeep que había disponibles para su alquiler.
Allí, hay cantidad de lugares para visitar, muchas edificaciones enormeménte antiguas, así como lagunas y calas espectaculares para bucear, “esnorquelear” como allí dicen.
Un buen día teníamos previsto ir a “esnorquelear” en una cala preciosa, pero en el hotel acabábamos de conocer a otros recién casados de Sevilla, y al vernos que hacíamos lo que queríamos a nuestro libre elección de movernos por Cancún, nos pidieron venir con nosotros, pagando el alquiler del vehículo a medias, cosa que nos apetecía y así lo hicimos.
Nos fuimos a aquella cala tan bonita que solo conocíamos por foto, pero al llegar nos dimos cuenta de que era totalmente alucinante. Nos alquilamos unas gafas y unas aletas y nos pusimos a esnorquelear. Por estas fechas son típicas las tormentas tropicales, que aunque hace mucho calor, de repente viene una nube negra y descarga agua como para regar miles de hectáreas pero en un solo punto, y es un poco desagradable.
Entonces, vino la famosa nube y viendo que había un chiringuito muy bien montado, pues nos fuimos a tomar un refresco mientras caía aquella cantidad de agua.
Obviamente íbamos totalmente mojados, descalzos y en bañador, como todo el resto de gente que allí había. Al llegar a la barra, pedimos nuestro refrigerio y mientras lo estábamos tomando, me fijé en el mostrador a ver que tenían para comer y solo había un calentador de perritos calientes, de esos que dan vueltas las salchichas, unas hamburguesas en fotografía y unos chiles de esos que pican como el diablo.
Entonces, después de pedir unas hamburguesas y mientras tomábamos aquellas frescas “Coronitas”, se me ocurrió preguntar al camarero sobre los chiles, qué si picaban mucho y el camarero me dijo que no, que eran muy suaves y que cogiera uno para probar. Como yo no puedo tomar picante le contesté con un no agradecido, pero este se empeñó que lo cogiera y finalmente cedí. Estos chiles estaban junto a la máquina de perritos calientes y entre el sevillano y su mujer, sobre la barra. Yo me acerqué y al ir a coger uno, rocé con mi antebrazo la máquina de los perritos recibiendo una descarga eléctrica desde el brazo, pasando por los ojos, las orejas con un zumbido espantoso, los párpados se me cerraban y en su unión abrasaba, las plantas de los pies era como si estuviera sobre ascuas incandescentes, más cuando estaba descalzo y completamente mojado. A la vez que notaba como si estuviera pegado a la dichosa máquina que parecía que me atraía más y más. Mientras el resto del grupo no se enteraba de nada, hasta que perdí el conocimiento y caí por mi propio peso.
Cuando desperté, recuerdo estar en el suelo totalmente encogido, con magulladuras de la caída. Los camareros me tenía rodeado, hasta a uno le escuché que dijo: >.
Mientras me estiraban las piernas y los brazos, yo, que de electricidad sé un poco por estudios de electrónica, lo primero que se me pasó por la cabeza fue decirle al de dentro de la barra que el enchufe de aquella maquina no tenia toma de tierra, a lo que me contestó con el enchufe en la mano, y con el cable de toma de tierra asomándose por un lado, que era imposible porque la máquina estaba desenchufada. Había que ver el vapor de las salchichas dentro de la urna de cristal. Me dieron ganas de meterle la cabeza dentro de la maquinita.
Mi mujer sentada en una silla pensando en lo corto que había sido su matrimonio, la sevillana consolándola y el sevillano, desencajado, atónito, parecía que el que había recibido la descarga había sido él.
Al poco aparece el médico, ¿médico?, había que ver su aspecto, parecía el brujo de la aldea, acompañado por su supuesta enfermera, ambos de blanco, con sandalias y una cartera de cuero cuarteado, la cual abrió, sacó una jeringuilla y un botecillo, no sé de qué, y allí mismo, apoyado contra la barra y con el culo al aire me metieron el chute. Por lo visto era algo así como un antivertiginoso.
Bueno, el final es la puntilla. Me pasó la factura el médico, que había que pagársela en dólares USA, porque allí los pesos son difíciles que te los cójan y como saben que somos extranjeros, también saben que llevamos dólares. Le tuve que pagar.
Después nos viene el dueño del chiringo, y yo creí que venía a disculparse… ¡¡pues no!!, me traía la cuenta que había pendiente de los refrescos y las hamburguesas que aún estaban sin tocar y que allí quedaron. ¡¡Increíble, pero cierto…!!
Cuando llegamos al hotel intenté poner una denuncia y allí mismo me dijeron que no serviría de nada, porque no había ido en el autobús organizado con los demás.
Así que cada día me gusta más salir de España.
Moraleja: Quédate en casa o no te cases.
JSR
Foto de Cancún enviada por Saumell. Gracias
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