El Río es hijo de la Tierra. El Río nace en la Tierra y muere en la Tierra,
porque el Mar es también hijo de la Tierra. Pero el Río es el hermano menor
del Mar, y la Tierra lo ama más, pues el Mar es grande y orgulloso, y envidioso
del poder de la Tierra, y por eso el Río es más querido por la Tierra.
El Río es hijo de la Tierra, y la Tierra ama a sus hijos, y les da parte del
poder que posee. Una vez, la Tierra dio mucho poder a uno de sus hijos, y él
se hizo altivo, y quiso ser más grande que la Tierra; ese hijo era el Mar, y
aún hoy guarda el poder que la dio su madre y pretende todavía ocultar a la
Tierra. Por eso el Río es poco poderoso recién nacido, porque la Tierra le ha
dado poco poder.

Y también siente una gran nostalgia el Río joven, y horada profundos
surcos en la Tierra, pues quiere regresar a su seno; pero la Tierra es sabia
y no permite al Río sus caprichos, y le aúna a otros semejantes a él y entonces
el Río deja de tener miedo, y se hace más poderoso; porque el Río es débil al
principio, pero luego se hace poderoso. Y muy pronto el Río cesa en su intención
de volver a su madre, y ya no pretende ocultarse; y ve que tiene más poder,
y ve las otras cosas que pertenecen a su madre, y le gustan, y entonces el Río
se extiende cada vez más. Pero el Río es todavía joven, y es impaciente, y se
cansa pronto de las bellezas que mira, y se marcha velozmente en busca de más
cosas hermosas.
Y lo que más le gusta al Río es el Sol, y muchas veces ha pedido el Río a la
Tierra que le acerque al Sol, y entonces la Tierra calla y se entristece, y
no deja que su hijo se despegue de ella; pues la Tierra sabe una verdad que
nunca ha contado al Río, y nunca le contará: y es que el Sol es el Padre del
Río, y esposo de la Tierra; y el Sol es sumamente celoso, y ama a la Tierra,
pero no a sus propios hijos; porque el Mar, que es también hijo del Sol y la
Tierra, impide muchas veces al Sol contemplar la belleza de su esposa, y por
eso el Sol odia al Mar, y la Tierra sabe que también odia al Río; y aunque la
Tierra ama al Sol, ama aún más a sus hijos. Y a veces la Tierra se descuida,
y el Río se acerca demasiado al Sol, y el Sol no permite luego que regrese,
y el Río se queda a medio camino entre el Sol y la Tierra, y se torna blanco,
o gris, hasta que la Tierra lo atrae nuevamente con su poder; pero el Río es
un insensato, y siempre olvida la lección.
Y cuando el Río siente que se aproxima el encuentro con su hermano el Mar, se
hace más perezoso, y más grande y desconfiado, y se oscurece, y es más poderoso
que nunca, pues ya es viejo y sobrio; y sabe que ha de separarse de su madre
y fundirse con su hermano; y en esos lugares cercanos al Mar, el Río ve cosas
magníficas y terribles, y se apercibe del inmenso poder de su madre, y se compadece
de las criaturas que se atreven a perturbarla.
Y el Río nota el profundo amor de su madre justo en el momento en que se entrega
a su hermano mayor, pero también sabe que volverá a nacer y morir muchas veces,
como la Tierra le prometió, y volverá a contemplar las ocultas bellezas que
le ofrece su madre, siempre como si fuera la primera vez, y aguardará sin rencor
el poder del Mar; porque ha visto muchas cosas y las volverá a ver, y volverá
a su madre, pues es hijo de la Tierra.
Dalare, 23/06/2003