Una aventura con el destino
Fecha Martes, 20 mayo a las 17:13:38
Tema Literatura


Capítulo uno

¡Bloc! Cerré bruscamente mi libro leído “2001 una Odisea del espacio” de Julio Verne, y me entraron unas locas ganas de viajar a Necturno, pero mi mente astuta, o sea, astutamente observe las dificultades que entrañaba tal aventura, y de las pocas posibilidades que me ofrecían las agencias de viaje, entonces no me valía para nado lo leído, sin más dilación me puse rápidamente a leer otro libro, no sin antes comprarlo, la lectura elegida sería “La isla del Tesoro” de Robison Crusoe.
Una vez terminado de leer el susodicho, volvieron otra vez esas locas ganas de emprender dichosa aventura, por lo que me dispuse taxativamente a proyectarlo. Lo primero que hice fue comprar una cantimplora, un walkman con pilas recargáble, (jejeje que astuto, se que allí no venden baterías y por eso mejor de recarga) un botiquín de primeros auxilio, un cuchillo tipo Rambo y una navaja multiuso, ¡ah! Y lápiz y papel, un escritor se siente indefenso sin estas armas.

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Cuando me dispuse a sacar el billete para ir hacia una isla desierta, la más cercana estaba a muchas millas, allende los mares, y recordé mi fobia desde temprana edad por las olas grandes, todos mis planes se fueron al carajo, valga la redundancia y no tenía más ganas de leerme otro libro. Quería morirme, pero tenía fobia a la muerte, hipocondría, pero una luz se encendió en mi mente y con el sombrero de ala ancha que llevaba parecía yo una lámpara de mesita de noche, entonces abrí el cajoncito tal mesita de night y entre los condones y la dentadura de repuesto una hoja de revista que estaba en el fondo del cajoncito decía de un viaje a el gran desierto del Sahara. Desde donde vivo solo cien kilómetros me separa de ese continente inexplorado por mi.

Con la habilidad que me caracteriza me fui a casa de un amigo experto en cibernética y con un buscador llamado gugle me metí en los archivos de las grandes cartografías mundiales y me hice de un mapa de rutas.

Ya nada me retenía en el viejo continente y partí para ese rincón. Hallándome en Algeciras, el lugar mas septentrional del continente europeo solo me separara el estrecho de Gibraltar de aquellas tierras, un barco me llevo a Tánger y una vez allí pronto me di cuenta que entre ellos hablaba en un idioma que no entendía, en ese momento recordé lo que una vez me dijo un profesor que tuve de idioma en el colegio: cuando vayas a un país extranjero habla despacito a la gente y ayúdate de gestos, así hice y me entendían, pero observé que ellos me contestaban rápidamente y sin gestos, por lo que me di rápida cuenta que estos tipos no fueron a la escuela.

Habían muchos moros por las calles estrechas de Tánger, pero no le gustan que le digan Moros, que ellos no son moros, les gustan que les diga “jai” que significa hermano, dicen que los jais son muy hospitalarios, pero la verdad es que yo vi pocos hospitales por esa zona, había por sus calles mucha podredumbre, pronto se me acerco un joven de unos doce años que me dijo querer ser mi guía y que me llevaría a donde pidiese, le dije: llévame al Sahara y el dijo: vale jai sígueme y me ayudo con las dos maletas que llevaba y la mochila eso me liberó de una carga pesada. Por las empedradas y angostas calles andamos y mi guía me llevó hasta un local donde vendían alfombras yo le dije que no necesitaba ninguna y el tipo alto, delgado, con dientes grandes, negros y blancos me recordaba el teclado de un piano. Una vez habiéndome desecho de sus deseos tapiceros, le volví a insistir al guía que me llevara al Sahara y que no se desviara de la ruta. El hambre se pronunció en mis tripas y mi guía se paró en la puerta de un restaurante que se llababa precisamente “Sahara” y había también un letrero azul con un tenedor. Sin mas preámbulo pasé a su interior, aquello era muy lúgubre y ruidoso, habían mucho jais comiendo y para comer lo hacían directamente con las manos no entendía
Lo del tenedor en el cuadro de la puerta de entrada, pero no me quería poner a elucubrar eso y miraba todo el contenido de la sala, se me acercó el camarero y me dijo: que vas a tomar? Perdí lo único que había, cous cous y té y cuando recien terminaba se me acercó el guía y me dijo: dice el jefe que son 80 Dirjan por la comida, pero mi sorpresa fue que no tenía moneda de ese tipo, entonces saque mi Visa y el tipo la aceptó y se cobró 80 euros al cambio de divisa. Todo solucionado le dije al pequeño guía: ahora llévame al Sahara y él me contestó: Jai, ya hemos estado en el Sahara, ¿se le ha olvidado algo?

-¿cómo que ya hemos estado en el Sahara, crees que soy tonto?
Contesté firmemente y el chico con cara extrañada me dijo:
-el sahara es el único restaurante que se llama así en Tánger.

Joder que estúpidos son estos moros, Yo decía al Desierto del Sáhara.

-Jai eso está muy lejos y necesitaríamos transporte y enlazar con otros guías, yo te llevaré hasta Larache y luego enlazaremos con otro guía, pero antes debemos pactar cuanto me va a pagar, y llegamos a un acuerdo de 40 Dirhan al día, después de algunos regateos.

Mohamed, el nombre de mi joven guía me dijo cambiar dinero a una vieja que había en una plazoleta que tenía línea telefónica y disponía de conexión con Visa por lo que pude cambiar divisas, mientras esperaba conexión con el banco la vieja que solo se le veía los ojos debido al velo que usaba, ponía inyecciones, vendía lotería, pienso, henna, te, alpargatas, postales, carbón, barras de hielo, Coca-Cola, entre otras cosas y por fin me dio el cambio que solicite.


Seguidamente fuimos a la estación de autobuses para emprender viaje hasta Larache.

Saumell, 19/05/2003 (continuará)







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