Al amanecer... contigo.
Fecha Domingo, 11 mayo a las 13:30:40
Tema Relatos eróticos


Esta mañana, al amanecer me fui a dar un paseo por la playa.
Me gusta de noche cuando no hay gente. Al ir subiendo el sol por el horizonte, saludando a la luna, como en un juego de seducción del universo, la noche con su luz lunar que embellece, insinúa, acompaña, invita al sueño, a la paz, al erotismo, a la pasión.

Esta es una playa escondida entre los acantilados, discreta , aproximadamente, 20 metros de ancho y 30 de largo cuando está la marea alta. Junto al agua, las luces de la ciudad, no muy lejos, acompañan sin molestar y permiten ver las estrellas.

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Esfuerzo un poco el oído a ver si me llegaba desde el oeste una melodía, pero... lo que escuché fue mi propia voz cantando la canción de Álex Ubago:

Me muero por conocerte,
saber qué es lo que piensas
abrir todas tus puertas
vencer esas tormentas que nos quieran abatir
centrar en tus ojos mi mirada
cantar contigo al alba
besarnos hasta desgastarnos nuestros labios
y ver en tu rostro cada día
crecer esa semilla
crear, soñar, dejar todo surgir
aparcando el miedo a sufrir....

La arena es fina, se mete entre los dedos de los pies y cerca del agua, mojada, van quedando las huellas de las pisadas. De vez en cuando miro atrás, retrocedo y entonces recorro el mismo trayecto, pero dejando las huellas al lado de las anteriores, como si en lugar de estar paseando una sola persona, fuéramos dos, caminando juntos de la mano.

Desde allí se ven dos mundos completamente diferentes entre sí: por un lado, la ciudad que empieza a despertar. Por otro lado la inmensidad del océano que estaba en calma, el olor de nuestro mar es suave, característico, no molesta, pero se mete hasta lo más profundo de quienes le amamos, admiramos y respetamos. Los reflejos que se dibujan sobre el agua en movimientos suaves me traen la imagen de unos ojos que me miran.

Después de un chapuzón en el agua fría, muy fría,...... grrrrrr.... me siento en las rocas. Se está bien, contemplando la belleza de los primeros rayos de sol que nace a un nuevo día. Oigo unos pasos cerca de mi. Al verte, siento un estremecimiento.
Me levanto despacio y a varios metros de distancia, nos miramos durante... no sé cuánto tiempo. "Hola, soy ......., ¿puedo acercarme?" - dices y sonríes. Tu expresión sencilla.

Durante las primaveras y veranos suelo ir allí cuando no trabajo, pero aún cuando en las rocas a varios cientos de metros a veces hay pescadores, tan cerca de mí... nunca, nadie.
Siento que te conozco, que nos conocemos, que no somos extraños sino que de una u otra forma eres la persona a la que estoy esperando. Deseando.
Recorriste muchos km. de distancia para llegar aquí.

Entonces me percato de que estoy en bikini, mojada todavía, siento pudor... pero te sonrío. "Hola, soy ....., claro, ven... se está bien aquí... así". Te acercas y los dos mirando al otro lado del golfo, te señalo y explico que aquél es nuestro faro más emblemático. Es precioso desde aquí. Me miras, me acaricias el pelo, tu mano va bajando por mi espalda, te miro, acaricio tu mejilla... nos besamos. Despacio, suavemente, disfrutando el olor
de nuestras pieles.

Primero nuestras mejillas, luego vamos buscándonos los labios, mordisqueando suave pero con insistencia. La sirena de un barco en la distancia nos interrumpe. Nos separamos como sorprendidos. Nuestras respiraciones entrecortadas, el erotismo sentido, el deseo que afloró, nuestras miradas que lo dicen todo.

En ese momento tan sorpresivo señalo el agua, a pocos metros de distancia "¿te apetece un baño?"- pregunto. Y empiezo a caminar.
Al poco, desde el agua, te veo en la orilla, te habías quitado tu ropa, dejándola al lado de la mía.."¡está muy fría!" - comentas riendo. Te hago un gesto evidente de invitación, pero ... pero.... así que me pongo a salpicarte a la mayor velocidad posible. No hay opción ¡al agua! entre bromas y risas.

Al poco de nadar un rato el frío ya no se siente, reímos, jugamos, hacemos una pequeña carrera hasta unas rocas cercanas, como un islote en medio del agua.
Alli descansamos un rato, sonriendo, beso el lóbulo de tu oreja, bajando suave hacia la comisura de tus labios. Saboreándote.
Al mirarte, me preguntas "¿puedo ir más allá de un beso?"

Nuestros labios se unieron buscándose, mis manos acariciando tu piel, recorriendo cada centímetro, vas buscando mis senos que se endurecen,
mientras acaricio tu torso bello...
Nos abrazamos, nos besamos, nos erotizamos, nos entregamos... libres.


Nota: aunque está escrito en primera persona es un relato ficticio.
Alba 5/10/2002





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