"Cuento" dedicado a unos amigos
Fecha Sábado, 19 abril a las 10:45:11
Tema Literatura


Ya no me acuerdo del tiempo que llevo aquí dentro. Debieron de encerrarme cuando era muy pequeño, porque antes este sitio parecía más grande, aunque no sé si serán imaginaciones mías. Por más vueltas que doy, nunca llego a encontrar la salida, aunque tiene que haber una porque, si no, ¿cómo he entrado? Creo que se han olvidado de mí. Nadie viene a visitarme, pero oigo ruidos fuera, voces, y yo no soy capaz de llamar, no consigo hablar, ni gritar. ¿Por qué será? ¿Se me habrá olvidado hacerlo? Debe de ser el tiempo que llevo aquí dentro. Tengo que intentar salir, porque me hace falta comer. Aunque, en realidad, no siento hambre, y no entiendo por qué. Nadie entra a dejarme comida.



Y tampoco tengo ropa con que vestirme, pero aquí no hace frío, no hay ventanas por las que se meta el aire. En realidad, no hay ni ventanas, ni puertas, ni chimenea, ni nada. Por más que busco, ni siquiera encuentro una esquina en la que acurrucarme. Este es un sitio muy extraño. ¿Vivirá alguien más aquí? Si pudiese encontrar a otro como yo, entre los dos buscaríamos la salida. Pero estoy solo. Sigo sin entender cómo pude entrar aquí. ¿Quién me habrá metido?

Y lo peor de todo es el aburrimiento. En un sitio tan pequeño, y sin nadie que me haga compañía, no encuentro más diversión que dar vueltas y pensar; y por más vueltas que doy y por más que pienso, sigo sin encontrar la puerta y sin comprender nada. ¿Y la oscuridad? Claro, sin ventanas ¿cómo va a haber luz? El que haya hecho este sitio debe de tener una mente retorcida. Además, ¿para qué servirá? No puede ser una casa, porque vivir aquí mucho tiempo tiene que ser insoportable. Aunque yo llevo aquí desde que puedo recordar, y no sé el tiempo que me queda todavía.

Las paredes son suaves, eso tengo que admitirlo. Y blandas; tanto, que puedo estar tumbado todo el día sin sufrir dolor de riñones. ¿Y cómo conseguirán esta temperatura tan agradable? Ya no me acuerdo de cómo son las camas, pero ni la más confortable puede ser tan cómoda. Me quedo dormido en un segundo, y cuando me despierto, me siento tan bien que sólo me apetece dormir más. Y casi no tengo tiempo de pararme a meditar sobre mi situación.

Y sé que el tiempo pasa, y que cada vez esto es más pequeño, y el sueño se hace más incómodo. Ya lo he decidido. Tengo que salir. Cueste lo que cueste. No sé lo que encontraré fuera. Del tiempo que llevo aquí, no soy capaz de recordar qué más cosas hay en el mundo. Pero no me importa. Saldré a verlo. Quiero conocer todo lo que no conozco, o no recuerdo. Quiero ver a más gente como yo, quiero sentir algo más que estas mullidas paredes sin rincones ni ventanas.

Voy a empezar a empujar hasta que no pueda más, hasta que se abra algún hueco, hasta salir por donde sea. Voy a estirarme todo lo que pueda y... ahí, sí, ya lo veo, es luz, tiene que ser luz, porque es totalmente distinto de la oscuridad que hay aquí dentro. Voy hacia allí, con decisión; no volveré atrás. Ya empiezo a salir, y empiezo a verlo todo: hay más luz, y colores, y personas; todo es hermoso. Y parece que me están ayudando. Me ayudan a salir de mi encierro. ¡Qué grande es todo! ¿O yo soy demasiado pequeño? No lo sé, pero me gusta. Y me cogen en brazos; es una chica, y allí se acerca un chico; les oigo decir que son mis padres. Parecen majos, a pesar de esas melenas. Se llaman Laura y Castro.

He tenido suerte.
Dalare, abril 2003



Foto: Convento de Palenzuela.



Este artículo proviene de El coloquio.com foros, postales, relatos
http://www.elcoloquio.com

La dirección de esta noticia es:
http://www.elcoloquio.com/modules.php?name=News&file=article&sid=39