Hoy otra vez a las seis, y ya todos
los días, decidido, tampoco hay que pasarse. Vaya, si los otros también se levantan.
¿Qué, no tenéis sueño? Hoy vamos con vosotros. Bueno, pues hala, adelante.
Parece que las chicas de ayer no salen todavía, espero verlas luego. Está nublado,
amenaza lluvia. Lo que faltaba. El comienzo, como siempre, me duelen los pies,
mucho. Bueno, en media hora me habré acostumbrado, ya es habitual. ¿Y no os
cansáis vosotros de ir tan deprisa? Me lo han preguntado a mí.

Yo respondo con franqueza: prefiero llegar cuanto antes, coger sitio y descansar
después. Además, es lo que hace casi todo el mundo, de verdad.
Pues este viaje no está sirviendo para conocernos mejor. Ahora es una
de nuestro grupo la que me lo dice, un poco aparte. Yo la miro, sin pararme,
y le digo que su actitud tampoco me parece normal, os lo tomáis muy poco
en serio. Pero este viaje es para pasarlo bien y estar juntos. Ya, yo lo entiendo,
pero también tenemos derecho a que se respete nuestra decisión
de intentar plantearnos el camino de otra forma, a lo mejor podemos llegar a
un punto medio. ¿Y qué más te da dormir en el suelo, o
en el campo, si estamos todos? Pues sí que me da mucho, ¿es que
no lo puedes entender? Nada, no hay manera, no nos entendemos. Los otros quieren
parar a descansar. Bueno, aceptamos, un rato sólo. Venga, hay que seguir.
Que no, estamos cansados. Pues nosotros seguimos. Dejandnos una cantimplora,
por favor. Está bien les dejo la mía, pero nosotros seguimos adelante.
Ahora que estamos solos podemos criticar a los otros, seguro que ellos lo hacen
también. Bueno, ya llegamos. El albergue está fuera del pueblo,
junto a un río y un jardín con merenderos, es muy bonito. Nos
tumbamos en la hierba, da gusto estar ahí. Dejamos las mochilas en la
cola, y nos tiramos por los suelos, y nos dormimos. Abren el albergue, adentro.
Decidimos cocinar algo, a ver qué pasa. Anda, si las chicas esas parece
que también tienen la misma idea. ¿Cocinamos juntos? Buena idea.
Parece que las ampollas duelen menos ahora. Por fin comemos algo caliente, aunque
sea un arroz pegado y un chorizo para asar. Después nos sentamos para
hablar un rato. Más tarde llegan los otros. Me piden perdón. ¿Por
qué? Han olvidado mi cantimplora en un manantial. Vaya, y si ahora me
enfado me dirán que tampoco tengo razón. Prefiero olvidarlo. Bueno,
se han quedado sin comer, no ha sobrado nada. Nosotros nos vamos a dar un paseo
por el río con las chicas. Me encuentro en el suelo un palo grande de
peregrino, de esos con un agujero arriba para colgar la calabaza, y barnizado,
y con una funda metálica en la parte de abajo. Bueno, cantimplora por
bastón. Lo oculto, no sea que el dueño me descubra, no tengo ninguna
intención de buscar al propietario. Las chicas son bastante majas, ¿o
será la situación y las circunstancias? Pronto se hace de noche
y nos vamos a dormir. 
(Continuará)
Dalare, 6/04/2003