El Camino de Santiago (capítulo 4)
Fecha Viernes, 04 abril a las 23:08:25
Tema Viajes


Esta vez el despertador suena a las seis, hemos cedido una hora. Se despierta más gente en la habitación, nos miran, algunos se levantan también. Ese grupo de tres chicas en que nos fijamos ayer también decide salir. Bueno, ¿y si vamos un rato juntos? No quieren, creo que no se fían demasiado. Vale, no insistimos. Otra vez el tormento para mi espalda, y sobre todo para mis pies. Las plantillas de gasa que me he fabricado no atenúan apenas el dolor. Primeros trechos casi sin hablar, como siempre. La chaqueta puesta, algo de niebla y el paso firme. El paisaje es hermoso, muchos árboles, bosques frondosos, pueblecitos casi vacíos, me gusta, porque no estoy acostumbrado. La etapa es también corta.



Creo que nos hemos cogido una guía para vagos. Mejor, no estamos tampoco para muchos trotes. ¿Y este pueblo? Es grande, y tiene un mercadillo al aire libre. Pero primero vamos al albergue. Anda, está abierto, tan pronto. Entramos, no hay nadie, cogemos cama y dejamos las mochilas. Pero nos ven las señoras de la limpieza. ¡Está cerrado, estamos limpiando! Por favor sólo dejar las mochilas y nos vamos. Bueno, pero si se os llevan algo, no es culpa nuestra. No importa, peso de encima que nos quitarían. Bueno, pues esta vez parece que ha habido suerte. Podemos dar un paseo tranquilo por el pueblo y el mercado, ahora que ya no tenemos peso y los pies están todavía calientes y no duelen. Venden pulpo recién hecho, pero es muy caro. Y una especie de bollo o pastel que tiene muy buena pinta, y está barato. Hace tiempo que no pruebo algo tan bueno, qué lástima no haber preguntado cómo se llamaba o de qué estaba hecho. Seguro que ya han abierto el albergue, vamos para allá. Anda, si están las chicas de antes, y al lado nuestro. Nos saludan y sonríen, pero rápidamente se salen. Bueno, a ver si luego hablamos con ellas. A dormir, como siempre, y después, una agradable ducha, y la atención diaria a mis ampollas. Esta vez las voy a explotar, y voy a aplicar ese extraño método de atravesarlas con un hilo empapado en mercromina o betadine. Y ahora, a cenar. El albergue tiene un jardincillo al lado, se está bien. Llegan los otros. ¿Qué tal la noche al raso? Nos dicen que muy bien, que han hecho una hoguera y han cantado. En sus caras se ve que no ha sido tan agradable, me alegro. Además, si hubiese sido así, no estarían ahora tan felices por haber cogido cama. Por lo visto, aquí pernoctan pocos peregrinos, es casi de noche y todavía quedan plazas. Allí están las chicas, y se dirigen hacia nosotros. ¿De dónde sois? De aquí, de allá, de acullá... ¿Y qué tal, dónde empezásteis, habéis visto el mercadillo...? Bien, en Cebreiro, si, qué bonito... Parece que esto se pone interesante. Pero vienen los otros, y se sientan con nosotros. Las chicas se despiden y se meten a dormir. Claro, las hemos espantado, o las han espantado estos... Para qué habrán llegado, mejor que se hubieran ido al campo también esta noche. Bueno, hablamos un poco, hay tirantez. Nos vamos pronto a la cama.

(Continuará)
Dalare, 5/04/2003







Este artículo proviene de El coloquio.com foros, postales, relatos
http://www.elcoloquio.com

La dirección de esta noticia es:
http://www.elcoloquio.com/modules.php?name=News&file=article&sid=28