El Camino de Santiago (Capítulo 3)
Fecha Viernes, 04 abril a las 18:05:58
Tema Viajes


Suena el reloj. Son las cinco, arriba. Ya hay alguna cama vacía, no somos los primeros. ¿Les decimos a los otros que nos vamos? Vale, por cumplir. Ellos se quedan durmiendo, claro. Andar, dolor. La primera hora es terrible para mis pies y para mi espalda. De noche, con el vago resplandor de las estrellas, casi a ciegas. Hoy es más difícil, el camino es más oscuro. Nos tropezamos a veces, con piedras, con raíces. Cuidado, podemos perdernos, no nos hagamos los valientes ahora, paremos hasta que amanezca. Desayunamos y seguimos. La etapa de hoy es más corta, podríamos haber dormido un poco más



¿Y correr el riesgo de no coger cama, de perder? No. Hablamos un poco, hablamos de los otros. Se toman esto como un juego, pero nosotros no. ¡Y encima nos dicen que no estamos casi nada juntos! Pues que vengan, no se lo prohibimos. Sí, esta joranada es más corta, se ha notado, llegamos muy pronto, sólo tres por delante de nosotros. La sensación de triunfo es grande, pero ahora hay que esperar a que abran, y al sol. ¿Y si dejamos las mochilas aquí y buscamos una sombra? No sé, mejor no arriesgarse. Por lo menos tenemos gorros, pero la insolación empieza a producirme dolor de cabeza. Vemos a la gente que va llegando y que se pone a la cola. Algunos nos suenan del día antes. Nos saludamos con un movimiento de cabeza. Abren ya. Este albergue está bastante bien. Las habitaciones son para menos gente, estamos más espaciados. Cogemos camas, nos tumbamos. ¿Y las duchas? Da igual, primero dormir, después, ya veremos. Bueno, nos despertamos bastante mejor, parece que ya le empezamos a coger el truco a esto del Camino. Los otros no han llegado todavía, nos da igual. Salimos a comprar algo para comer. Muchas tiendas están abiertas desde la mañana hasta la tarde, los peregrinos somos un buen negocio y pasamos a cualquier hora del día. Compramos pan, embutido, y alguna latilla. Nos hacemos los bocatas en un pequeño parque cerca del albergue. Ahora sí que se está bien. Sopla algo de viento. Nos tumbamos en la hierba y nos descalzamos. El sol va cayendo poco a poco. Ya vemos a los otros, que van hacia el albergue. Les llamamos, pero no nos oyen. Al minuto salen del albergue, se han quedado sin cama. Nos ven y nos dicen: "hoy nos vamos al campo a dormir, ¿os venís?" Sí, claro, que nos esperen sentados. Es la ruptura definitiva. "Hasta que nos veamos". Se hace de noche y nos metemos en la cama.

(Continuará)
Dalare
, 4/04/2003







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