¡Qué bien!
Fecha Martes, 18 marzo a las 17:58:51
Tema Relaciones


Qué bien, tener de nuevo un portal donde poner tus artículos, tus experiencias, tus emociones, tus historias, tus vivencias, qué bien, qué bien: Sin bandera.

Escribo muchas cartas a los amigos y a las amigas, y algunos me responden, y es un verdadero placer llegar a casa y encontrarte encima del aparador una carta, o en el suelo, porque el cartero te la ha echado por debajo de la puerta y todavía no la ha recogido nadie, o acaso el niño ha entrado, no la ha visto, la ha pisado y la ha manchado...

dejando la huella delatora de su zapato en el sobre; pero no le digo nada, porque los niños ya se sabe: van a lo suyo, como nosotros a lo nuestro; además, no le riño porque yo no riño nunca, excepto al perro, cuando vomita en mi sillón o se mea sobre mi albornoz. Reñir me aburre bastante; a mí en cambio sí me riñeron mucho. De niño me reñían mis padres, la tata, mi hermano mayor (¡qué pesado! menos mal que ya no me oye: se ha ido, no sé a dónde. De pequeño me dijeron que se fue de viaje y todavía no lo he visto, a lo mejor algún día aparece, me gustará volverlo a ver, porque sólo recuerdo que era más alto que yo: para mí era una especie de gigante, muy grande, muy cuadrado, muy esbelto, muy musculoso ¿seguirá siendo igual? Ya veremos si vuelve: Pepe, vuelve, hombre); me reñían las monjas, las ayudantes de las monjas (recuerdo que una de ellas no me dejó ir al váter y me cagué en los pantalones, y luego me llamó guarro; pero no la odio, porque ella era así y no pudo evitar ser como era, como su madre la echó al mundo, como Dios la hizo; bueno, ya está bien, que me enrollo).

Recuerdo que también alguno de mis amigos me reñía, y un primo mío que a veces venía de Alicante, también ¡Ah, Alicante, bella ciudad mediterránea! Todo el mundo me reñía y me mandaba hacer o no hacer tal cosa: Fer, ponte ahí, siéntate aquí, no te muevas de allí, no digas esas cosas, pareces tonto, hombre. Hasta que un día empecé a decir cosas, y aquí me tienen, sin poder parar, y a veces me agobio, porque tengo tantas cosas que decir que se me agolpan, que la tinta del bolígrafo se me seca, que la punta del lápiz se me desgasta, que el sacapuntas se me desafila.... pero qué bien, qué bien poder expresar aquí, por fin, uno, sus ideas, qué bien, desde esta celda por la que entra el sol por las mañanas, y desde la que veo el sol acostarse por las tardes, con este portal tan gracioso y ameno, con mi música, con mis libros, con mis cartas, las que mando a mis amigos y las que recibo de ellos, con su perfume y su fragancia ¡ah, qué fragancia rezuma este viejo diccionario cada vez que lo abro! Me recuerda a la escuela y a Sor Dolores, mi tormento: ¡niño, siéntate, niño, no hables! Era horrorosa sor Dolores (era monja). Y muy alta; pero hace poco la volví a ver y era muy bajita, y no me reñía ni me daba voces, todo lo contrario, decía: ¿éste es Nanito? ¡uy, cómo ha crecido! -decía, sonriendo. “Yo no he crecido, señora, es usted la que ha menguado”, pensaba yo, para mí. Además: ¡odio que me llamen "Nanito"!

Digo que escribo bastantes cartas a los amigos, y a las amiguitas también, y algunos me responden, como digo, y es un gran alborozo entrar en casa... (me parece que esto ya lo dije) y abrir el sucio y pisoteado sobre con su huella y dejar salir las hojas escritas, y por su letra ya saber quién es o quién puede ser, y empiezas a leerlo y es como si lo estuvieras viendo, y como si lo escucharas hablar, a ese amigo, o a esa amiga: Alba, Karina, Isabela, Panzher, Saumell...¡Pues qué bien, contar ahora con más amigos y amigas! (bueno, amigas no tantas, podría haber más aquí) ¡poder comunicarme no sólo con Alba y cía... sino también con todos los lectores-escritores de este portal tan puntero!
Fernando





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