Cuando el crudo silencio se asoma
a la cresta turbia de tanta inquietud
de las mareas, me asolan las desdichas
de tu cuerpo lejano ¡oh tú! ¡oh yo!
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¡los dos titubeando en las dudas
que el destino plantea en tu pecho roto!
No todo de ti es tan perfecto
como aquello que se escapa de tus labios:
besos afilados, lengua bífida, telas
que en su urdimbre deshace mis hilachas
desde tu ovillo de mensajes perfectamente mudos;
¡allá tú! ¡allá yo! ¡allá el infierno que dibujas!
rechazas mi caída y caigo solo
y no me importa, nada me importa,
sé que el sol se ha derruido
cualquier mañana en que tu ausencia
me profanas los recuerdos y así te bebo,
insolente y sediento te bebo como aquella vez
que tan exacto te lamí el alma
convulsa de tus ingles.
Aguila, septiembre 2004