
En mi memoria... tu olor
Fecha Viernes, 09 julio a las 12:00:00 Tema Relatos eróticos
Respiro profundo buscando esa tenue brisa que me lleve a tu aire. La atmósfera es espesa, demasiado densa. Se huele la sangre del último combate. Entre este hedor mi nariz apunta hacia tu memoria. Esta sangre podrida que mana de los cadáveres no tiene el aroma dulce de la tuya. Aspiro mis manos al rojo vivo. Reconocería el olor de tu sangre íntima, esa que te trae la Luna; ésta no es la tuya. No encuentra aparamiento en mi cerebro, en mi recuerdo de tus enloquecedores efluvios corporales.
¿Quieres
opinar? Cliquea aquí
Observo la debacle a mi alrededor. La batalla ganada en Rívoli me dará gloria, pero eres tú, mi agraciada esposa, quien atrapa mis sentidos. Voy a tu encuentro. Persigo tu olor desde antes de cruzar el Po dirigiendo mis huestes. Evoco tu aroma entre la bruma. La aparto con mi espada. Hiero el viento abriendo brecha para recibir tu olor de hembra en celo. Mi brioso caballo blanco se hace lento ante mi prisa por no perder ese hilo que me guía a mi destino; a tus ropajes que despedazaré hasta llegar a tu enjambre de vellos obscuros, negros y rizados, a tu olor de embrujo.
¡¡¡Llego, llego!!! Mis piernas son las aladas de Mercurio. Vuelo escaleras arriba. Nunca me parecieron tan largas y sinuosas. Sigo tu efluvio. Mi nariz se aguza, aspira, te rodea. Me aguardas en la habitación. La puerta se abre y te veo. Me detengo para sosegar mi corazón y embriagarme primero con ese aroma que sale por lo bajo de tus faldas y que permea la alcoba. ¡Ahhhhh! Tomo una bocanada de ti; te poseo sin haberte tocado.
Siento el primer latigazo de mi miembro; se aúpa enardecido, casi duele. ¡Qué dolor tan agradable y agudo, tan punzante, traspasa mis riñones! Los aguijonea como abeja. Me lanzo sobre ti que ríes traviesa sabiendo que me tienes en tus manos, en tus ingles. Sacudes tus faldas esparciendo incluso más ese tu olor que es mi demencia. Desgarro las telas regias; las hago jirones. Te arrastro hacia la cama mientras mi boca devora tus pechos y muerde tus pezones duros como jade y cada centímetro de tu piel rosada. Mi lengua acaricia tu cuerpo, lo delínea y lo desdibuja y lo vuelve a crear, a recrear como el mismo Zeus. Te huelo. Husmeo por tu carne. Mi nariz se posa en tu cuello, en tu oreja izquierda, en tus senos, en la maraña bajo tus axilas, --ahhhhhh reconozco tu olor de sal-- en la curva de tus caderas. Gozo tu ombligo, mi lengua lo sitia, lo circula, lo cava.
Noto tu entrega mientras navego por tu vientre aferrándome a tus pechos y me anclo en tus vellos. Los tiro suavemente una y otra vez. Tú gimes, te contoneas y tu pelvis me invita a tu gruta, a poseerte hechizado. Tus piernas se separan en uve de Victoria --tu victoria-- y es ahora cuando el espacio, --nuestro espacio-- se colma con el aroma de tus jugos derramados y que yo aliento con mis dedos curiosos y mi lengua que lame y se adentra y saborea entre pliegue y pliegue tus divinas emanaciones.
Estoy entre tus piernas, amada, me atrapas en ellas, me reduces, son mi refugio; pero es mi nariz la que goza de este instante lujurioso. Es tu olor lo que atormenta mi virilidad, lo que me consume, tienta y conmina al placer. Ahhhhhhh, respiro profundo el aroma de tu monte de Venus. Aparto con mis manos tus labios para hundirme en tus efluvios de diosa. En tus sabores salados, acres y dulces que deleitan mi boca y libido; en tu olor a hembra recia, a mujer sin perfumes ajenos y menos de esta Francia ingrata que me requiere tanto como yo a ti.
Ábrete más, querida mía, deja que enjugue este pañuelo en tus entrañas y me robe tu aroma. Permite que empape este lienzo en tus aguas, en tus olores íntimos tan míos. Necesito llevarte conmigo, que me acompañes en esta sucesión de guerras que algún día me harán coronarte como mi emperatriz. Quiero olerte desde el campo de batalla, llevarte como amuleto dispuesto al lado de mi corazón. Que desde allí suba tu aroma a mi rostro y me beses y te huela y te muerda y te estruje, ¡¡¡así, así!!!. Que pueda comerte poco a poco como lo hago ahora y tocarte sin que estés presente con sólo poner mi mano derecha bajo mi guerrera y evocarte.
Ay mi Josefina, tu olor me enloquece...
Babel, 7-07-2004
|
|
Este artículo proviene de El coloquio.com foros, postales, relatos
http://www.elcoloquio.com
La dirección de esta noticia es:
http://www.elcoloquio.com/modules.php?name=News&file=article&sid=156
|