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Relato de humor
Caronte cruzó el Estigia en su bote de remos acudiendo a la llamada del cuerno. No usaba remos, ya que impulsaba la barca con una larga
pértica que clavaba en el lecho del río y le ayudaba a avanzar atravesando la corriente.
Sonríe, al menos da esa sensación al mirarle a la cara y ver que es una calavera descarnada de oscura y profunda mirada; esta
sensación, sin duda, es debido a que le faltan los ojos y en su lugar hay dos cuencas vacías llenas de negrura.
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Lleva siglos navegando en el Estigia, por una moneda cruza las
aguas del olvido a cualquiera que desee llegar a las puertas del infierno.
Jamás le dijo Caronte a ninguna niña bonita que no le cobraba dinero, siempre
una moneda para cruzar. Extiende la mano esquelética, descarnada, puro hueso
y exige el pago antes de cruzar. Nunca dijo a nadie que sentía, ni que piensa
del mundo. Nunca se quejó a los dioses por su destino ni su misión.
Si a alguien se parece Caronte es a la Muerte; los dos llevan el mismo look:
cuerpo esquelético, túnica negra con capucha, silencio espectral. Pero la Muerte
siempre lleva un reloj de arena y una guadaña. Caronte su bote de remos sin
remos, un saco de esparto donde guarda las monedas y una larga pértiga para
navegar.
“Al menos la muerte tiene una existencia más interesante. Viaja, conoce países
y gentes, lugares que yo nunca veré”. Pensaba Caronte mientras se acercaba entre
la eterna niebla del Estigia. Tenía años enteros para pensar, sólo hacía eso,
aunque nunca nadie le había oído hablar, cantar o silbar si pensaba mucho sobre
lo que era dejar pasar el tiempo subido a su barca esperando a que alguien quisiera
cruzar el río. ¿De qué le servía el dinero si no podía gastarlo?
Comenzó a distinguir el minúsculo embarcadero fluvial. Allí esperaba un hombre
bajito con un traje negro y un voluminoso maletín, gafas redondas en la punta
de la nariz, una calva incipiente cubierta con algunos pelos sueltos cruzando
el descampado, encorvado y con gesto de disgusto.
Carónte paró su barca junto al embarcadero y extendió la mano para recibir la
moneda del peaje.
—¡Sí, encima! No he recorrido no sé cuantos kilómetros desde la central de Argüelles
en Madrid para venir a verle que encima me pide limosna.
La voz del personajillo era estridente a un volumen desmesurado. Parecía imposible
que una caja torácica tan pequeña pudiera soltar tal chorro de voz, bien capaz
de romper vidrio.
—¿Está sordo? ¡Le he dicho que no le voy a dar propina! —los colores enrojecían
la cara del energúmeno, una cara que parecía la luna llena cubriéndose de sangre—.
He venido por motivos profesionales.
La luna llena, jamás había visto ni la luna ni el sol, ninguna de esas imágenes
había quedado registrada en el fondo de las cuencas de sus ojos. El sol quizá
no fuera demasiado interesante, una bola de fuego colgada de un azul sin fin...
pero la luna llena, en medio de la negrura cuajada de estrellas, diamantes que
adornan la bóveda celeste. Eso sí hubiera deseado ver...
—¡Hacienda somos todos! ¡Si no depone su actitud de petición de limosna y escucha
lo que he venido a decirle tendrá muchos problemas!
—¿Qué quieres humano?—jamás había dicho nada en toda su existencia (vida
sería inexacto), hasta él se asustó de la voz profunda y grave que parecía surgir
de la nada.
—¡Aja! Otro gracioso con un sistema de sonidos para generar efectos especiales.
Sepa usted, caballero, que un inspector de hacienda no se asusta de nada, ni
siquiera cuando ve recién levantadas a las mujeres más famosas y más viejas
de España y...
—Tengo mucho trabajo que hacer
—Encima exigiendo, ¡eh!. Sepa, caballero, que debe... veamos... ¡hum!... Esto
no es posible. Lleva casi tres milenios sin hacer la declaración y hacienda
sabe que usted tiene ingresos... no está declarado en autónomos, no declara
el IVA... ¡vaya!...
—Humano, termina ya repito que tengo mucho que hacer
—Tiene que declarar los ingresos de los últimos cinco años y pagar los impuestos
correspondientes con un recargo... veamos.... le dejo los impresos, si quiere
lo consulta con su asesor fiscal. Por ahora firme aquí como que queda notificado
el aviso y ya está —el hombrecillo le presentó un documento lleno de casillas,
letrujas, títulos y números. Al pie del documento: firma del interesado.
—No tengo con qué firmar
—No le va a servir de excusa... veamos... veamos, aquí tengo un bolígrafo. Tome
—Caronte lo examinó extrañado, jamás había visto objeto igual. Sujetándolo como
si un pluma con tinta se tratara trato de firmar en vano, el bolígrafo estaba
vacío.
—No tiene tinta
—Esto es una desgracia... ¿qué hago? ¿Por aquí no tienen una papelería o algo
así?
—Al otro lado del río
—Pues pasemos y compro uno para que firme.
—Deme una moneda para cruzar el río
—Yo soy hacienda, soy hacienda, no tengo que pagar nada.
—Entonces no pasará
—Sí lo haré —decididamente subió a la barca, tropezó con la bolsa de esparto
cargada de monedas y cayó al agua. Caronte en un gesto muy humano (si se puede
afirmar tal cosa) tendió una mano al hombrecillo y le subió del agua al bote.
—¿Dónde estoy?¿Quién soy?¿Qué hago aquí?
—ERES... —una idea cruzo la mente de Caronte impulsada en el vacío (cerebro
no tiene), una idea genial —. Eres el barquero del Estigia. Eres inmortal. Tú
deber es cruzar el río de las aguas del olvido a aquél que pague
una moneda para cruzar. Al otro lado esá el infierno guardado por cervero.
Recuerda, todo el que toca estas aguas lo olvida todo, ten cuidado de no caer
otra vez.
—¿Y tú quién eres?
—Un recaudador de impuestos. Me llevo esta saca repleta de monedas. Es todo
lo que debes. Adiós.
Dicen que una extraña figura vive en la isla de Ibiza y es el dueño de la discoteca
CERVERUS. Conocido por ir vestido como la muerte y organizar todo tipo de fiestas
de música electrónica, cuando le preguntan que de dónde saco dinero tan sólo
dice: fiesta, Ibiza, marcha, música... esto es lo más grande, sabes, lo más
grande.
Dante´s Time. Diario de actualidad. 7 de agosto de 2002.
Los últimos turistas que han bajado al infierno han comunicado a Drowolert (demonio
guía-turístico) Que Caronte tiene muy mal aspecto, y que su humor ha desmejorado
bastante. Antes era silencioso hasta la crispación, pero ahora no para de hablar
con una voz tan irritante que dan ganas de arrojarlo al río. Satán, ha recibido
las noticia con satisfacción y ha dedicado una rueda de prensa en la que ha
comunicado la siguiente opinión sobre el caso: “JAJAJA”.
Artículo por: Demonio Cruel de 2º grado
Raúl, 13/12/03