Saumell escribió "Nada más bello que lo que nunca he tenido, ni más amargo que
lo que perdí.....(Luciamente serrateado)
Manuel hombre de sesenta y tantos vivía solo en una casa pequeña demasiado grande
para su soledad. En una supuesta tardes de verano cuando paseaba por la playa
y mientras se despedía del sol, encontró a un joven perro color canela muy delgado
que con cara alegre le perseguía y le jugueteaba. Debió de tardar muy poco en
darse cuenta de ser un perro abandonado como uno más por esos humanos que en
su día decidieron regalarlo a su hijito, a ver si dejaba el video juego y se
responsabilizaba con un animalito de estos, pero que cuando llegan las vacaciones
es todo un problema, si el vecino no se quiere responsabilizar de sus cuidados,
entonces: hala, ¡ya se apiadará de ti alguien!
Tras un reparto de compañías, se hicieron buenos amigo, tal vez la misma causa
unan a los seres ya sean estos de cualquier condición y ante la necesidad haya
menos reparos y menos condiciones.
Manuel solía frecuentar una terraza de un bar con su joven compañero un día
y otro más. En uno de esos días, Manuel no se encontró bien y decidió acercarse
al Hospital General de Cádiz e indicarle a su amigo que le esperara en la puerta
principal del hospital y que pronto saldría.
Manuel ingresó y su amigo continuó esperando, pero por esa ley que tiene la
vida desde el momento que naces, Manuel empeoró y nos dejó. Su cuerpo fue sacado
por el otro lado del hospital, y trasladado al cementerio. Su amigo fiel, ajeno
a todo esto, continuaba esperando en la puerta indicada del hospital, pero ya
con una cara triste y cuerpo delgado.
Pronto los comerciantes del lugar vieron un perro pulgoso que hacía peligrar
sus ventas y llamaron al servicio de recogida de animales abandonados para su
encierro, pero estos experto es recogidas de animales, vieron un perro con collar
en la puerta del hospital, supusieron algo especial, decidieron lavarlo y devolverlo
al lugar.
A los pocos días vieron como ese perro de color canela seguía en el mismo sitio
y supusieron que se trataba de un caso de fidelidad, esa que se le suele atribuir
a esto amigos del hombre. Pronto un camarero de la zona comentó que un colega
suyo echó en falta a un tal Manuel que frecuentaba en su terraza con un perro
color canela y que dejó de aparecer por allí.
La voz corrió por la localidad y las buenas personas no tardaron en conocerle
e intentar recogerlo y darle un hogar, cosa imposible y Canelo vivió en ese
lugar durante mucho tiempo y no le faltó comida.
De Canelo recuerdo un día, tener que ir a visitar a un familiar enfermo grave
y al pasar por la puerta de entrada, verle tumbado lomo y cuello en piso y patas
encogidas y esa mirada triste, mirada triste que posiblemente interpreté así.
Ahora Canelo es un símbolo en Cádiz a la fidelidad.
No se si la fidelidad es lo que esperamos de otros o es un cuento cuando nos
la piden.
Saumell, 17,06/2003
Nota: Foto enviada por Saumell. Gracias"